A vueltas con el arte

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EL CÉFIRO

“El arte no viene a mejorar ni a moralizar la realidad. Viene a salvarla.”
Ramón Gaya.

Liberar el yo de ataduras, trenzados y demás contrapesos para permitir que en el momento en que la belleza asome la cabeza por el quicio de la puerta no se asuste y salga corriendo, vendría a ser como la primera ley para cualquier ciencia. Axiomática e indispensable. Lo que pasa es que el arte no es ninguna ciencia y en él dos y dos no es que a veces no sean cuatro, es casi nunca salen las cuentas. Dice el artista conservador que para alcanzar resultados no hay nada como seguir esa otra regla de “que la inspiración te coja trabajando” pero eso nos lleva otra vez a hablar de probabilidad, de matemáticas. Y habíamos quedado en que el arte, de ciencia no tiene nada. Hay que preparar por tanto la habitación como el que espera la visita de lo que tiene en su mano cambiar el rumbo y echarse a un lado para que la reacción se dé de forma espontánea. Sin que la intervención sea voluntariosa o concentrada, con más pasividad que vocación realizadora, sin perseguir ni oprimir. Hay que dejar al tiempo y a la casualidad que actúen, que se den. Me parece el camino más sencillo, saludable y del que surge el chisporroteo más gracioso y sorprendente. Queda claro entonces que cada cual tiene su fórmula y que ninguna es infalible. Todo es discutible. El arte es discutible. Es una de sus cualidades. Y quienes mejor discuten sobre él son los artistas entre ellos; orientan sus andares con eso, empujándose unos con otros. De ahí las tertulias literarias y demás reuniones en torno al arte. Es sano que dos o más artistas discutan de arte. Lo que no sirve para nada es que discutan sobre lo que hoy en día circunda al arte: cotizaciones, exposiciones, politiqueos… todo eso ensucia. Lo social siempre ensució el arte. El arte no tiene ni necesita de razones ni objetivos. También es imperfecto pues la imperfección se produce siempre en un plano real, distinto a lo convencional. En cambio la perfección es ajena a la belleza tanto en cuanto el arte la ha intentado construir. Artificial. El arte ha de estar contaminado por la realidad pero eso no ha de implicar que su razón sea esa realidad. Su razón será siempre interna, inherente al artista y la mayoría de las veces, desconocida. De ahí que el arte sea inmortal y que renazca en cada persona que nace. Y que muera en cada persona que fallece. El arte siempre estará ahí porque es la única forma en que tenemos de escapar del mundo. También el sexo y la violencia, que a veces son lo mismo pero que nos trasladan a otro estado de consciencia menos elevado. El arte no. El arte puede llevarnos sin dejar de ser nosotros mismos. Por eso es único e inmortal. Por eso todos lo anhelan. Por eso el arte.

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