DIEZ GANSOS BLANCOS

Diez gansos blancos

Un thriller cargado de tristeza. Tal vez ésa pudiera ser una buena definición para esta nueva obra literaria del neerlandés Gerbrand Bakker. Filólogo, escritor nada prolífico, jardinero profesional y vocacional, monitor de patinaje sobre hielo y que se gana la vida subtitulando documentales de naturaleza, Bakker pasa por ser un escritor atípico en tiempos donde todo tiende al aborregamiento y al corporativismo. “Diez gansos blancos” es su segunda novela tras el moderado éxito de “Todo está tranquilo arriba” con la que ganó los premios Impac y Llibreter. Su prosa se caracteriza por la sencillez y la sobriedad, telas sobre las que va tejiendo la trama a paso tranquilo, como una comida hecha a fuego lento o el crecimiento de una planta o una flor, de manera que es muy fácil verse generosamente abrigado entre sus renglones. En esta ocasión, Bakker hace partícipe al lector no sólo de una huida física –la del personaje- sino también de una forma de irse con un marcado carácter definitivo de los hechos, como si todo lo que fuera pasando fuese de alguna manera irreparable. Para ello se vale de una manera de narrar en cierto modo discontinua en la que se van creando intersticios en el argumento que hay que ir saltando y superando para avanzar. Bakker, intencionadamente, no lo escribe todo y la enfermedad de la protagonista y el entorno apartado donde discurre la novela contribuyen con dosis de aislamiento e incomunicación a que el puzle sea tan estimulante como subyugador. De la traducción al castellano se encarga Julio Grande, profesor en la Universidad Complutense de Madrid hasta 2012, donde impartía clases de lengua y literatura neerlandesa, y que realiza un trabajo magnífico respetando la obra original hasta el punto de adjuntar al final del libro un apartado de Notas del traductor en el que traduce muchas expresiones que aparecen en la obra sin traducir del inglés (recordemos que la mayor parte de la novela discurre en Gales), hecho que recalca la virginidad del texto incluso después de pasar por una traducción. Como en otras grandes obras literarias hay una historia secundaria pegada a la urdimbre principal cuya sombra planea a lo largo de todo el libro. En este caso esa sombra es la de la poeta estadounidense Emily Dickinson, a cuya reclusión y apasionamiento parece encaminarse el herido personaje de Bakker –Emily también- que transita por un camino lleno de pasos cortados y puertas (kissing gates) que no evitarán de ningún modo el final que parece conocer y buscar. La novela comienza cuando la protagonista alquila una casa deslocalizada en el País de Gales. En el corral de la casa hay diez gansos que digamos, hereda o alquila también con la casa. Poco a poco los gansos empiezan a desaparecer a medida que entran en juego otros personajes. La novela está dividida en dos grandes bloques de capítulos: Noviembre (más corto) y Diciembre (más largo) y si de algo adolece es de la carencia de humor en sus páginas, hecho que suple de manera genial con la pareja que forman los padres de la protagonista, unos ancianos cuyas conversaciones y diálogos surrealistas dentro de la sordidez de la trama ofrecen un contrapunto que remite a “Fargo” o incluso a Woody Allen. Una novela completa, original y a fin de cuentas, que es lo que más importa o lo que se busca y pretende, de una belleza nada convencional.

EL CÉFIRO

DIEZ GANSOS BLANCOS
Gerbrand Bakker
Traducción de Julio Grande
Rayo Verde Editorial
2013

El Céfiro escribe en el blog: http://elcefiro.wordpress.com

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