Estamos aquí para quedarnos

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Uno es descreído por naturaleza. Ambiguo y contradictorio. A menudo errático y de difícil filia. Despegado e incongruente las más veces y con casi todo ya a estas alturas y cada vez más. Por eso la poesía no iba a ser menos… amor-odio correspondido en el que me sostengo o me sostiene, no sé bien. Y así me envenena y me gusta con su verbo, me hastía con su postureo y su dicción y me hace saltar del asiento como un resorte ante un solo verso demoledor. Pero hoy la moneda salió de cara, cosa que no siempre es fácil; hoy tocó amor.

La existencia de poetas como Pablo Casares desencadena en mí algo tan cruel e inevitable como la separación quirúrgica de dos siameses. Una mezcla de dolor y necesidad a partes iguales de la que la vida se sirve para continuar. Y es que hace que uno vuelva a la lectura de la poesía tanto como al abandono de su escritura. Porque ¿para qué escribir cuando ya hay alguien que cuenta lo mismo que tú pero mejor? Un gemelo diestro y el otro siniestro.

Para el que conozca la trayectoria literaria del donostiarra, éste nuevo poemario viene a continuar la tendencia de los anteriores con algunos matices. Poemas breves de corte realista si cabe en un tono un poco más reflexivo y existencialista, siempre peleando a la contra de esa realidad maquillada que nos quieren mostrar los medios de comunicación, ésa que resaltan como única e inmutable. Los ojos con los que mira Pablo son ojos que ahondan con asombrosa capacidad para el descubrimiento, ojos de niño en una mente que ha vivido y que adereza su arte incluyendo eso que sin querer o queriendo a menudo queda oculto en el ángulo muerto. En sombra. “Tal vez no hayamos progresado/tanto como creíamos,/quizá nuestros fracasos,/sencillamente,/se hayan adulterado”.

“Estamos aquí para quedarnos” es un poemario sin más pretensiones que la verbalización lírica de algunos determinados momentos o estados de ánimo donde no hay cabida para los dogmas y donde el perdedor es también un hombre con suerte, donde no existen el cien por cien, ni el blanco ni el negro, donde los objetos y las situaciones son la verdad de una realidad que se mueve como lo que realmente es, un magma vivo y en constante evolución.

La poesía de Pablo Casares se abre paso entre las dudas a base de machetazos de certeza y viceversa, de manera que cuando crees haber vislumbrado la playa, la noche ha caído ya sin puerto una vez más, con un día menos por vivir y un día más en la memoria. A veces guiado por una rara esperanza mutilada: “No había nada que temer/mientras ella permaneciera a su lado” o “como caminan los niños,/creyendo que el mundo/es todavía inocente”. Y otras por un rumor de brazos bajados: “Dejé de lado las revoluciones./Descubrí la efectividad de la deserción”. Los versos de este poemario miran serenos a los ojos, cargados de intuición y de fuerza reflexiva a la que no se le puede apartar la mirada. “Una vez que has nacido lo has hecho para siempre”. Ya lo creo que sí.

EL CÉFIRO

PABLO CASARES
Ed. El gallo de oro
2014

 El Céfiro escribe en el blog: http://elcefiro.wordpress.com

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