Hay gente

kant

Decía Kant que todo conocimiento es síntesis de alguna multiplicidad. Y por tanto de alguna contradicción, añado yo. Nulo es el lixiviado que sale de los dogmas, leve el de las intuiciones y más leve si cabe el de los prejuicios; el del pensamiento que no se contrasta o se discute aunque como todo, también este fenómeno tiene sus límites que en muchas ocasiones tiende a tender al infinito embrollando tanto la premisa y haciendo del todo imposible desandar el camino, volver a empezar, que es una de los objetivos del ser humano siempre: volver. Como Ulises. Después de pasar una temporada en eso que los americanos llaman “crowed house” y otros mar, y otros desierto, siempre se hace difícil volver a establecer la calma en los conceptos incluso aunque éstos sean los mismos de los de partida. Uno cree haber arrojado por la borda unas cuantas lecciones “malas” o inocuas y a cambio custodia en su zurrón otras tantas imprescindibles las cuales correrían la misma suerte si se volviera a esa casa llena de gente o a ese mar o desierto. Todo esto tiene mucho que ver con cómo sea nuestra capacidad para abordar la realidad. Es más fácil comprender aquello que “se dice” que lo que simplemente “es” o “está” ante nosotros, lo que se nos expone; se necesita un temple concreto, casi un don para dejarse ser abordado por un cuadro o una escultura, para pasear por un museo; en cambio una canción de The Beatles entra como la seda sin el menor esfuerzo o predisposición. Hay gente que con un simple vistazo no sólo encuadra y memoriza sino que analiza y extrae; saca jugo y bebe en contraposición a esos otros sedientos que nunca verían nada aunque estuvieran días o años ante el mismo asunto; como si de estrellas observándose a sí mismas se tratara, de narcisistas irredentos, granmasturbadores, onanistas, locos solitarios embarcados en la paradoja de alejarse del núcleo en la búsqueda del origen. Hay cierta analogía de esto con las distintas formas de escritura. Hay gente que, de alguna manera, es inmune a la poesía; bien por motu proprio, bien por lo que he explicado antes. La poesía es el abismo, el gran salto, el aldabonazo final, un relámpago; nos tiene que ganar el ímpetu para estar en la poesía; como abrir una habitación a oscuras que sabemos que guarda un cadáver y apretar el interruptor de la luz. Hay gente que no puede o no es “capaz” y algunos optan por obviar el arte y mueren prematuramente. Otros continúan y apuestan por la novela; que tiende a la rememoración más que al momento. En la novela importa menos la meta y en la poesía la meta es lo primero (sería el título si pudiese ser, que a veces lo es). A cambio subyuga como lo hace el amor más puro o el sexo más caliente. Y la novela, un polvo suave. Con el tiempo, cada vez apetece más la novela, claro, uno se hace viejo. Pero se sabe –lo sabía Kant- que el éxtasis rara vez llega con la narración salvo que tenga un aderezo lírico notorio. Pero entonces ¿seguiríamos hablando de prosa?

EL CÉFIRO

El Céfiro escribe en el blog: http://elcefiro.wordpress.com

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