La venganza

vida

JORGE M. MOLINERO

Pillo el único puente que tengo del año, que utilizo para hacer cosas de papeleo e historias parecidas. Tengo que pasar por hacienda, estamos en diciembre y no me han pagado la devolución, problemas por el pago del Inem, que no concuerda… Aprovecho para desayunar en un bar, uno de los escasos lujos que aún me puedo permitir de vez en cuando y cosa que me encantan, me hace sentir casi un rey, no sé por qué. Entro, pido un café, tostada con tomate y aceite, zumo; el As está ocupado y El norte de castilla mejor no leerlo, veo algo de la tele pero un cartel colocado en una columna llama mi atención: se necesitan árbitros de fútbol a partir de 12 años. 12 años na da menos, y con el As ocupado me da por pensar: qué niño de doce años quiere meterse a árbitro, si le gusta el fútbol, querrá jugar al fútbol, obvio, pero eso un niño normal. He jugado al fútbol muchos años y los árbitros siempre eran el gordopilo, el gafasbravas, el azucarillo… chavales que al ser apartados de los campos por su nula valía, en vez de seguir por diversión en equipos de menor categoría se metían a árbitros sólo por una cosa, LA VENGANZA. Actuaban a mala fe, se divertían jorobando con desprecio y autoritarismo las mofas crueles de los demás chicos en el patio del colegio, abusaban de su pequeña parcela de poder para paliar su baja autoestima, haciendo daño intencionadamente al niño que no quería jugar con él en el parque. Y todos los jugadores eran para ellos el matón de la escuela que les quitaba el bocadillo.

Y pensando más allá -no acostumbro pero recuerdo que el As estaba ocupado- si nos damos cuenta, casi todos los políticos dan el mismo perfil, eran los bobos de la escuela, los que se llevaban las tobas, a los que robaban las canicas y todo su esfuerzo, al carecer de personalidad o fuerza bruta, le enfocaron a joder al prójimo, porque ellos también ven el la gente normal al matón del colegio.

Y puedo seguir con policías, lo bien que se sienten con el poder de decidir vaciar tu bolsillo o golpearte sin miedo a represalias, militares, funcionarios de ventanilla, cocineros que escupen en los platos en restaurantes de lujo.

Todos estamos en manos de alguien en determinado momento, aunque sea la espera de un simple papel que puede amargarte la vida un tiempo. Todos podemos tener el poder de decidir en la vida de alguien, por mi minúsculos que seamos, en algún momento espera nuesta venganza, más pequeña cuanto más pobres, pero reconciliadoras con el bienestar del alma.
Y es que todos somos malos en el fondo, lo que pasa es que algunos tienen más a mano jodernos la existencia, algunos se esforzaron más por conseguir ese poder. Los más poderosos fueron los más gilipollas en el colegio.

Luego, me pasan el As, veo la chica de la contraportada y se me olvida todo. Hasta que me abraso la lengua con el café que pedí con leche fría. Y recuerdo en el camarero gordo y calvo, a Olmedo, el niño al que robaba las canicas.

— ¿Os ha gustado?. —Siiiii!! — Pues un me gusta y colorín colorado.

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