Los Momentos Provisionales

leonmgm

La vida podría ser ese magma -compuesto por el día a día y todas sus cosas supuestamente necesarias para su tránsito: trabajar, comer, dormir…- que baña con extraño vaivén una alternancia de momentos clave y momentos provisionales. Unos, los primeros: cuando te vas de casa de tus padres, cuando aceptas una relación, cuando eliges… en definitiva, cuando tomas decisiones trascendentales para bien o para mal, decisiones clave. En cambio los otros, los provisionales, son aquellos que vivimos de soslayo; momentos sin importancia a priori, insignificantes, a los que no prestamos atención: esos minutos de espera en cualquier plaza o ese lento despertar o esos pasos por la calle; momentos que son en muchos casos considerados por muchos, tiempo perdido, fragmentos de vida que no atienden a la permanencia pero que el tiempo –ese gran hacedor de puzles- convierte o nos descubre –a menudo a través de la memoria- en la vida verdadera y real, la única que importa, la única que perdura, la única. Mientras nosotros, empeñados en aferrarnos a nuestro último nuevo prejuicio, nos bañamos en calzoncillos por vergüenza a que nos vean el pito o no terminamos el grito por miedo a desafinar o a perder la voz y disfrutamos de esto o aquello sin perder demasiado la compostura, sólo un poco, sólo lo establecido o lo que no destaque, sin ausentarnos de esa tangencialidad que nos otorgue lo presente y que nos libre, creemos, del vacío. Y que a la vez nos acerque, creemos, a la felicidad sin saber que sólo los desgraciados persiguen la felicidad. Que lo que hay que buscar alcanzar es la belleza y no la felicidad. Que esa búsqueda sólo provoca desasosiego, impotencia, despotismo y muerte para el aventurero. Y patetismo e hilaridad desde fuera. Aunque la verdad es que todas las personas damos un poco de risa. Todos somos un poco ridículos. El ser humano lo es, si lo piensas bien, desde el momento en que aún en el siglo XXI tenemos que andar limpiándonos el culo con nuestras propias manos. Quiero decir que el humor (y la belleza) nos salvan y nos acogen, tienen la capacidad para desandar el camino entre esos momentos clave y provisionales tendiendo un hilo conductor mucho más corto del que imaginamos. Mientras nos damos cuenta de esto o no, la cosa pasa, el tiempo. Y nosotros con él también. Y nos vamos cansando, gastando… vamos acrecentando nuestra crisis existencial con nuevas fisuras, pérdidas leves, fracasos pequeños, derrotas mínimas frente al espejo del cuarto de baño por la mañana. Uno contra uno. Uno contra el mundo. La vida, en cambio amanece cada día como si fuera la primera vez, inédita, turgente, fresca, altiva, insurgente. La vida escapa del tiempo cada mañana, inmarcesible. Nosotros no, pero podemos parecernos a ella provisionalmente.

EL CÉFIRO

El Céfiro escribe en el blog: http://elcefiro.wordpress.com

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