Non place

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Es curioso observar a la gente en una estación. Miles de historias se juntan durante apenas unos segundos. Policía transitando, alguien sale del baño aún frotándose las manos, otros intentan usar la cabina telefónica. Extraño y antiguo mobiliario urbano del que casi no me acuerdo y que ahora llaman “locutorio”, tal vez antes eran naves espaciales.
Una señora se abanica a mi lado mientras mira a todas partes buscando algo, un chico pasa con sus gigantescos auriculares, oyendo Dios sabe qué, mientras carga una mochila que sobresale de su espalda. En la taquilla un hombre levanta el tono de voz y gesticula acaloradamente mientras alguien al otro lado del cristal intenta tranquilizarlo, todo ello en un idioma que no puedo comprender, pero el de los gestos no tiene fronteras. Malhumorado cambia a la taquilla de al lado,….ojalá fuese así la vida, problema…cambie dos pasos a la derecha y encontrará la solución.
Viajeros que entran de los andenes cuales sherpas llenos de equipaje y hacen uso de sus cuellos buscando agitados a ese familiar o amigo que les espera y en sus adentros piensan que también les liberará de parte de su carga. Una chica se sienta a mi lado sin parar de teclear en su móvil. Atrás quedaron los días en los que los móviles eran como un walkie-talkie o un mero teléfono, ahora son parte indispensable de la anatomía humana, un órgano más que va cobrando vida.
Parece no importarle a nadie que tome notas en mi cuaderno y realmente, ¿a quién habría de importarle? Tan sólo soy una más en un ir y venir incesante de vidas que se cruzan sin tan siquiera intercambiar una mirada.
El altavoz va informando de las salidas y llegadas. Merece la pena dedicarle unos segundos a observar la indumentaria de la gente. Cómo cambiamos de ropa cuando viajamos o vamos de vacaciones y como no lo hacen aquellos que tan sólo se desplazan, es fácil distinguirnos. Al sonar el despertador cerramos la parte de armario diario y nos ponemos delante de ese extraño espejo en el que se nos muestra nuestro lado más indecoroso. Faldas más cortas de lo normal combinadas con chanclas de dedo, camisetas con formas imposibles que apenas cubren unos centímetros extras para no estar dentro del apartado de ropa interior. Camisas con colores y estampados estridentes y combinaciones difíciles de entender. Bien es cierto que siempre está el viajero que viste de forma adecuada y elegante, como escapado de un catálogo de ropa, que pereza me da el pensar en ir perfecto también en vacaciones…los admiro. Capítulo aparte sería el pelo, sobre todo si estamos en una zona costera. Ay, bendita pluralidad.
Cualquiera que trabaje aquí tendría historias para llenar miles de libros. La chica que probó suerte en una ciudad lejana, la pareja que se encuentra después de un año separados. La señora que todos los viernes viene a recoger a su marido y que últimamente va más triste cuando camina, ya no lo recibe con un beso en los labios, … pero no lo harán, nadie escribirá sus historias, porque a nadie, al menos aquí, se la habrán contado, tan sólo son vidas que se cruzan sin mirarse a los ojos, gente que se mira sin ver a nadie al otro lado.

JUANA PÉREZ LARA

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