Tom Waits en la playa

Tom-Waits

Es fácil ubicar a Tom Waits de noche, en el fondo de un bar oscuro, sentado frente a un viejo piano con alguna copa llena en la tapa y cercos de alguna más a modo de aros de una extraña olimpiada que sin duda ganaría “el ángel ronco de Pomona”. Esta imagen tan tópica es la que a todos se nos puede venir en mente para ubicar a Waits. Quizás sus canciones promuevan esa imagen, están llenas de noches, de bares, de alcohol y de personajes que bien podrían ser el mismo, su gemelo o el resultante de su mitosis. Posiblemente estas canciones estén hechas para ser escuchadas en estos mismos ambientes, y escuchándolas así es fácil identificarse con el protagonista y que este sea el mismo tipo que aparecía en el poema “Su ángel de la guarda” de aquel fantástico Etanol de 2010 “El tipo ha bebido demasiado./ Es demasiado mayor para llorar/ y demasiado joven para morir de viejo./ Lleva un traje gris, se ha/ aflojado la corbata/ y mira al suelo/ mientras camina hacia un puente/ deseando ser salvado in extremis/ por su ángel de la guarda, y que este/ tenga rostro de mujer/ y unas piernas bonitas/ como la protagonista de L.A. Confidential.”

Desubicar a Tom Waits de la atmósfera de sus canciones es prácticamente imposible, pero cuando esto sucede el efecto que provocan sus principios activos crece de forma exponencial. Algo así es lo que he podido sentir escuchando su última grabación “Round Midnight” un directo apócrifo donde repasa con una declinación pastosa, sincera e impetuosa algunos de sus temas menos reconocidos y alguna joya poco pulida como “Eggs & sausage” o “Warn beer and cold women”, acompañado solamente de un piano al que parecen faltarle alguna tecla, aunque no se las echa en falta, el californiano menos californiano que se recuerda va repasando canciones del mismo modo en el que una taquígrafa va tecleando la declaración del último testigo o como un contable repasa las facturas del último trimestre.

Escuchar Round Midnight en una pequeña playa vacía del litoral granadino, ubicada entre acantilados y con un suelo de piedras grises, un día entre semana de comienzos de un verano que no parece vaya a ser muy caluroso, comiendo un sándwich de atún con mayonesa y bebiendo una cerveza más caliente que el ya mencionado verano tibio, provoca una sensación entre la desolación y la épica, como si fuese el ultimo habitante del planeta y yo mismo hubiese asesinado al resto de la humanidad.

JUAN E. MARTÍN

Juan E. Martín escribe en el blog: http://loscaminoscirculares.blogspot.com.es/

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