Tormenta de verano

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EL CÉFIRO

Hay lecturas que nos acompañan toda la vida como un fantasma, un confidente o un amigo. Hay otras que se pierden muy pronto en un limbo de palabras sin sentido o que terminamos por olvidar, incluso que las hayamos leído al cabo de un tiempo. Las primeras –las que persisten-, lo hacen porque nos enseñan cosas importantes, nos descubren apoyos nuevos para andar por la vida, nos proporcionan asideros hasta entonces desconocidos, a los que agarrarnos en las curvas. Sin duda, son ésas las que valen o merecen la pena. Y como casi todo lo importante también con ellas sufrimos porque nos afectan o nos vemos inmersos en esa trama que no manejamos nosotros sino el autor y nos vemos abocados a seguir leyendo porque nos incumbe de una manera casi mágica lo que ahí pasa. Es la trama de la vida, de nuestra vida al fin y al cabo.

“Tormenta de verano” pertenece sin duda a esa estirpe de novelas. Su autor, Juan García Hortelano, fue un escritor realista. Estrictamente realista. Llegó a afirmar incluso que a la literatura se le mete demasiada metafísica por el culo. Yo asiento. Si literatura es reflejar una realidad desde una perspectiva nueva, él sin duda es un maestro. Un maestro de “hacer ver”.

Una joven aparece muerta y desnuda en la playa de una urbanización de lujo de la costa brava. Son los años cincuenta y la tranquilidad de la colonia se ve perturbada ante tal hecho. A raíz de él, Javier emprende una profunda revisión de su escala de valores ingresando en una crisis moral que le lleva a cuestionar todo lo que a su alrededor tiene, su familia, relaciones personales, futuro, etc. Hortelano desnuda –de la misma forma que el cadáver de la playa- a esa sociedad ganadora de la guerra a través de una trama coral y machaconamente dialogada. Hortelano utiliza el diálogo como herramienta para retratar al personaje por el modo en el que habla. No hay grandes descripciones ni profundos análisis de los personajes. Se trata de conocerlos por lo que dicen y por tanto por lo que piensan. ¿Hay algo más importante? Sobre el hallazgo del cadáver de la joven se ciernen muchas incógnitas para las que comienza una investigación al respecto. Pero no nos engañemos. Aquí el suspense no es lo importante o al menos lo más importante. Se va desarrollando la novela a medias entre las cavilaciones de Javier, su vacío existencial, y los acontecimientos relacionados con la aparición del cadáver. Un retrato de eso que se llamó “el discreto encanto de la burguesía” con algunos pasajes inolvidables y algunos diálogos embaucadores que hacen reflexionar sobre los parecidos y diferencias entre las personas de distintas clases sociales y en la influencia del sexo y el dinero sobre todos nosotros. “Las cosas son muy sencillas”, dice uno de los guardias civiles que custodian el cadáver. “O de aquí -resbaló varias veces el pulgar sobre el índice- o de aquí -se señaló la bragueta-.

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