Vicios Difícilmente Confesables (III). Raphael

Raphael-en-Eurovisión

Seamos honestos, se que este vicio no es solo mío, se perfectamente que está parafilia la hemos tenido todos y todas, pero en lo que a mi me atañe, lo que para mi es especial es que yo he convertido escuchar a Raphael en todo un ritual, y ya siendo del todo sincero, no escucho a Raphael, solamente escucho Mi Gran Noche y lo hago cada vez que me arreglo antes de salir de fiesta. Lo pongo en modo repeat en el cedé, y la escucho y la canto una y otra vez, primero mientras me doy un baño de sales: “Hoy para mi es un día especial/ pues saldré por la noche/ podré vivir lo que el mundo nos da/ cuando el sol ya se esconde.” Después, mientras me exfolio, me embadurno en crema revitalizante, me pongo colirio, me afeito, me lavo los dientes, me corto las uñas, sigo con la tonadilla,”…Podré cantar una dulce canción/ a la luz de la luna/ y acariciar y besar a mi amor/ como no lo hice nunca…” me tumbo en la cama antes de peinarme y canto con el peine como micrófono mientras me veo en el espejo del techo y pongo poses sexys, sintiéndome Nicole Kidman en Moulin Rouge o Demi Moore en Una proposición indecente: “…¿Qué pasará?¿Qué misterio habrá?/Puede ser mi gran noche/ Y al despertar ya mi vida sabrá/ algo que no conoce…”. Me peino y me despeino con los dedos y fijador, me perfumo con uno de esos frascos que tienen una perilla pulverizadora“…Caminaré abrazado a mi amor/ por las calles sin nombre/Descubriré que el amor es mejor/ cuando todo está oscuro…” Solo una vez limpito empiezo a vestirme, calcetines de rayas de colores, siempre, los slip abanderado blancos con abertura lateral, la camisa blanca, el traje gris que me queda como un guante y la corbata negra fina, me la aprieto fuerte hasta quedarme sin respiración y me la aflojo con dos dedos, moviéndome de izquierda a derecha marcando el ritmo: “…Será, será esa noche especial/ que ella nunca se olvida./Podré reír y soñar y bailar/ disfrutando la vida/Olvidaré la tristeza y el mal/ y las penas del mundo/ Y escucharé los violines sonar/ en la noche sin rumbo…” Ya estoy maqueado, pletórico y sublime, dispuesto a triunfar y comerme el mundo, no en vano, siempre me funciona. Una última miradita en el espejo, pongo morritos, autoguiño y allá voy: “…ilailaralaralaralara lara lara larala… ilailaralaralaralara lara lara larala… ilailaralaralaralara lara lara larala…”

JUAN E. MARTÍN

— ¿Os ha gustado?. —Siiiii!! — Pues un me gusta y colorín colorado.

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