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(Advertencia. El texto que van a leer a continuación contiene comportamientos indecentes y versa sobre una de las perversiones más degeneradas del ser humano: la avaricia.)

Desde hace unos años, y siempre sobre estas fechas, entre anuncios de antihistamínicos, sobre disfunción eréctil, de preservativos y de páginas Web que incitan a relaciones extramaritales, solemos encontrarnos un spot que nos incita a marcar con una equis la casilla de la iglesia en la declaración de la renta.

La equis en si ya es una perversión, no deja de ser la inclinación de una cruz, el símbolo religioso por antonomasia. En una cruz clavaron a su mesías y con una cruz pretenden “clavárnosla” a todos. Una cruz “invertida”, pero de eso prefiero no hablar ahora mismo, que ese es otro tema donde extenderse.

Con ese simple hecho de cruzar dos diagonales, estamos decidiendo si financiar con el 0,7 % de nuestra declaración de la renta a la iglesia católica, y no hablamos con esto de una creencia religiosa tan respetable como cualquier otra si no a la pérfida organización que gestiona y manipula la fe de sus crédulos. Y si ya no les vale solo con manipular a sus adeptos, con campañas como esta pretenden manipular al resto de la población y para ello se amparan en la “función social” que cubre la iglesia, con caras bonitas, mansas y sonrientes aparecen en el anuncio adolescentes lascivos encargándose de ancianos, monjitas lujuriosas adoctrinando niños y curillas perversos que son el rostro mismo del pecado. Pero no nos engañemos, marcar la equis en la casilla de la iglesia católica supone la ayuda al mantenimiento de los beneficios y privilegios de los que ha gozado esa tenebrosa organización desde tiempos inmemoriales, supone sufragar sus gastos de publicidad y propaganda en temas tales como la discriminación por genero, por condición sexual o por raza, supone la segregación educativa por sexo, clase social u origen, supone promover guerras y odios interculturales, supone lucrar y mantener en la opulencia a una jerarquía arcaica y anquilosada. No nos engañemos.

Y por si eso fuera poco resulta que aun evitando marcar esa fatídica casilla en la ya de por si fatídica declaración de la renta, la otra opción que nos encontramos es la casilla de otros fines sociales, donde “curiosamente” también están incluidas las facciones de la iglesia católica dedicadas a esos supuestos fines con lo cual, estaríamos repagando la misma función social por dos medios diferentes, tres, si añadimos la asignación en los presupuestos generales del estado para de nuevo esa organización.

El entramado de la financiación estatal para la iglesia española es mucho mayor, lo más perverso del hecho es que todo esto ocurra en un estado teóricamente aconfesional. Y no olvidemos que la avaricia es uno de los pecados capitales según Gregorio El Grande y no en vano pecar es un privilegio dedicado a los creyentes y si esto no es pecado que baje Dios y lo vea.

JUAN E. MARTÍN

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